La semana se
podría decir que comenzó el sábado, cuando el Gobernador de la Pcia. De Bs. As.
Daniel Scioli tomó la determinación de declarar la emergencia en seguridad
pública por el término de un año. Anuncio que generó mucho ruido y pocas
nueces, corrimiento de algunas figuras para dentro del propio oficialismo, con
un Randazzo más cercano, apertura de Urribarri, a quién todavía y a todas luces
no le alcanza.
Este plan
lanzado por el gobernador de la provincia prevé entre otras medidas una inversión
de 600 millones de pesos para la compra de móviles, chalecos, armas y
municiones, cifra más para la tribuna que otra cosa ya que en términos anuales
la misma representa un 0,3% del presupuesto anual y un 4,2% del presupuesto
2014 para la cartera de Seguridad; esto sumado a la reincorporación de
efectivos retirados de la policía de la provincia y del servicio penitenciario
representan las medidas de mayor trascendencia en materia de anuncios, ello sin
dejar de referir a las demás medidas adoptadas que por una clara continuidad de
línea en materia de seguridad se hace innecesario comentar, más que para hacer
una mención humorística a la restricción de circulación en motovehículos con
acompañante en ciertos horarios o el famoso anillo digital de detección de
patentes, medidas de corte represivo, política que referencia a Scioli desde
toda su gestión, potenciándola aún más con la designación de Granados al frente
del Ministerio de Seguridad.
La semana
continuó entre idas y venidas; en las alas más radicalizadas del espectro
Kirchnerista se tomaron los anuncios con mucho repudio, lo que reavivó las
diferencias interorgánicas que tiene el movimiento; aclarando que fue más un
repudio generalizado de las bases más
que de ciertas cúpulas dirigenciales que se llamaron al silencio. Sin perjuicio
de ello, considerando los movimientos que se han dado entre los actores más
progres del Kirchnerismo en las últimas semanas no sería raro que tuviéramos
para finales de año un panorama más claro con respecto a la alternativa electoral.
Otro hecho
político de muchísima trascendencia esta semana fue la cena que organizó Cippec
(Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el
Crecimiento) en el Hotel Hilton de Puerto Madero, la que reunió a dirigentes
opositores tales como Massa, Macri, Binner, Sanz, Bonfatti, "Paco"
Pérez, De la Sota, Cobos, Lousteau, Sturzenegger, Das Neves, Lavagna, Alberto
Fernández, Héctor Méndez entre otros mil asistentes, con poca presencia
kirchnersita entre los que se destacaban Santamaría del PJ de CABA,
Insaurralde, Scioli y Baradel. Un cóctel interesante que nos puede vislumbrar
donde se disputa el poder del PJ.
Ya se sentía
lo que iba a ser el paro del 10 de Abril, medida de fuerza convocada por la CGT
representada por Hugo Moyano, la Azul y Blanca de Luis Barrionuevo y la CTA de Pablo
Micheli como actores principales, seguidos de distintas organizaciones
autodenominadas de izquierda, tales como las que conforman el FIT o el propio
FPDS, que diferenciándose de los actores principales se adosaban al reclamo
para “disputar” su legitimidad hacia la clase(a mi humilde entender, un
delirio). La medida de fuerza transcurrió sin mayores sobresaltos, intensificando
la misma el hecho de que haya acompañado casi la totalidad del transporte,
sumado a los piquetes de la autodenominada “izquierda” que cerraron los accesos
a la capital. Sin perjuicio de ello se evidencian dos hecho de relevancia; el
primero es la real incapacidad de los promotores del paro, con casi nula
adherencia de los sectores representados por Barrionuevo, tales como gastronómicos
y asimismo, los sindicatos de la producción (quienes representan cerca de un
60% de los trabajadores agremiados del país) nucleados mayoritariamente en la
central encabezada por Antonio Caló, abiertamente en contra del paro, de
garantizar una movilización masiva que genere un hecho político de legitimidad
de la medida con acompañamiento popular, por lo que ni siquiera se convocó a tal
movilización; el segundo es el amplio rechazo que recogió la medida entre la
población, que en distintas mediciones oscila entre el 70% y el 80%, rechazo
que se hizo sentir desde los sectores oficiales vinculando exitosamente a Luis
Barrionuevo con Sergio Massa, evidenciando una relación que si bien fue
electoral 2013, se mantiene intacta y aquel resulta uno de los promotores,
junto a Facundo Moyano, de la mesa sindical que sostendrá la candidatura de
Massa en 2015.
Asimismo son
interesantes las contradicciones que se acentuaron sobre todo en los sectores
que “representa” Pablo Micheli, titular de la CTA y otros sectores progresistas
que sin identificarse con la autoproclamada “izquierda”, resultan idénticamente
funcionales a los posicionamientos no solo de la burocracia sindica a la que
dicen combatir, sino de los intereses reales que existen detrás de la misma;
contradicciones que se han acentuado con debates internos, a las claras de que
sin perjuicio de que esta medida de fuerza contenía un sinnúmero de
reivindicaciones completamente legítimas (al igual que la masiva protesta del
8N), la misma no es canalizada en un reclamo legítimo de clase, sino que es
utilizada coyunturalmente para continuar con un plan más extenso, del que la
pata sindical es una herramienta y que desde Diciembre pasado vemos efectivizarse en la realidad atacando todos
los frentes, sobre todo, el financiero.
Finalizando, entre
el Viernes y el Domingo fallecieron Alfredo Alcón y Ernesto Laclau respectivamente,
hechos que generaron un impacto mediático tal que taparon de sobremanera la
medida de fuerza y terminaron de aplastar el intento de desestabilización pergeñado.
Domingo 13/04/14